CAP IV. LA DISCIPLINA DEL DESIERTO. Ser amada, Ser obedecida
- 16 abr
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El ciruelo de mi cabaña
no pudo evitarlo
floreció.
Kobayashi Issa
¿Qué mayor miseria que la de un miserable
que no tiene piedad de sí mismo?
San Agustín de Hipona
La paradoja de la renuncia atraviesa la elección de mis caminos mientras busco lo que verdaderamente nutre mi centro. ¿Es el oasis de mi alma una ilusión o es, en cambio, la ilusión de una vida estable el verdadero desierto? Sin una respuesta clara, avanzo como quien ha elegido un punto fijo en el horizonte y persiste a pesar de sus inquietudes. Ermitaña y peregrina en país extraño, me aferro a mis rituales íntimos de corte profundo: una práctica salvaje, aunque lúcida, para dejar atrás lo que ya no debe seguirme en un proceso que exige ligereza.
Me pregunto qué otras acciones requieren estos tiempos de guerra. La respuesta se asoma en el silencio, la ternura y en el cuidado de mí, en una atención sostenida mientras mi vida temporal se diluye en una trama suspendida donde afino la trayectoria de mi flecha, permitiendo que cuerpo y espíritu vayan, por fin, a la par.
Sueño I: Estoy con Marina Abramović. Emocionada, le cuento que amo su trabajo. Le pregunto su edad y responde: 62 años. Pienso que miente, porque -y esto es un hecho real- al final de su Balkan Erotic Epic- avancé bajo el escenario del Liceu para observarla. Mientras el público aplaudía, yo, absorta, no dejé de mirarla y pude ver en ella el rastro del tiempo. Despierto y busco el significado del 62. Pienso, ingenuamente, que quizás es una abstracción del año 2026. Busco: Obra de Abramović a sus 62 años. Encuentro: The Kitchen. Homage to Saint Therese. Mi corazón se acelera, porque precisamente ese día era el natalicio de Santa Teresa.
Sueño II: Espero la llegada de N. en un hotel elegante. Por la ventana de mi habitación veo una montaña verde solitaria. N. se atrasa un día. Me pregunto si debo pagar la noche extra o si puedo cargarla a su cuenta. Opto por la segunda opción. N. llega vestido de blanco y se sienta en una alfombra persa rojiza que está en el centro de mi habitación. Antes de sentarme con él, barro mi cabello que apareció cortado alrededor de la alfombra. Estoy un poco avergonzada, pero a N. parece no importarle. Fue un sueño vívido.
Sueño III: Visito a una mujer que ha dado recientemente a luz en el hospital. Está en una habitación con una camilla más amplia de lo normal, todo está inmaculado y ordenado. Ella está recostada, casi dormitando, en el centro de la cama. En la sala de estar, una niña de siete años sostiene en brazos a su hermana recién nacida. Con una mirada, le comunico a la madre que cargaré al bebé. La tomo cuidadosamente, me aseguro que su cabeza se mantenga erguida. Concentración y calma. Despierto un poco desolada.
El 1 de enero de este año descubrí el álbum Deseo, Carne y Voluntad de Candelabro. Llegó desde el otro lado del Atlántico en una noche de fiebre y dar vueltas en la cama. Sin duda, se convirtió en la ráfaga que necesitaba para cambiar de aire en la entrada de un nuevo ciclo. Ha reverdecido en mí la sensación de un gozo que nace y se expande en el centro de mi pecho. Sus letras me han hecho recordar que la esperanza es una decisión que se toma a diario, mientras la melodía me conecta con una dimensión del espacio físico ligera y luminosa. Vuelvo a abrazar con fuerza mi secreta convicción de vivir la materia como una experiencia sensorial divina.
Por encima de quien soy
Trepa encima de mi carne
Está siempre alrededor
Trepa encima de mis huesos
No hace mucho viví mi primera experiencia de shibari, compartida con alguien en quien confío y a quien yo misma guié. Atada, sentí una calma primordial, como si estuviese en los brazos de una madre que ya no existe. Era la primera vez que solicitaba conscientemente la sumisión, lo que hasta ese momento me parecía insondable y que resultó esencial para comprender plenamente mi trabajo. Sin ningún espectáculo, sentada de rodillas con un rudimentario nudo Mantis, sentí que algo dentro de mí se suavizaba y se alineaba. En ese espacio de restricción encontré una forma honesta de libertad. Lloré en silencio y me tumbé hacia un lado, mientras mi acompañante me miraba de lejos y una gatita se acercaba a fisgonear. La noción de que mi vulnerabilidad es la raíz de mi potentia se instala sin estridencia. Preparo mi cuerpo como canal y abro ventanas para la expresión de mi inconsciente, dejo atrás los días donde fui transformada desde la pasividad, hoy aprendo de la derrota del rebaño y asumo la insurgencia que vuelve sensata mi existencia. Me dejo seducir por principios que tensen mis días: ¿ser amada para ser obedecida o ser obedecida por ser amada? Mientras tanto, como el ciruelo de Issa, florezco inevitablemente en coordinación con el universo.




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